La Magia al Descubierto

En junio de 1970, Dave Smith —por aquel entonces al mando de la Biblioteca de Investigación de la Universidad del Sur de California se topó con una nueva misión.

De la noche a la mañana pasó a convertirse en la primera persona elegida para hacerse cargo de los Archivos Walt Disney.
Crear unos archivos de la nada —o, mejor dicho, de los miles y miles de documentos y piezas históricas de la empresa— no fue tarea fácil.
Casi 50 años después de su creación, los estudios Disney, por aquel entonces, estaban viviendo uno de sus momentos más dramáticos.
Su visionario creador, Walt, había muerto tres años y medio atrás; su hermano, Roy O. Disney, había tomado las riendas de la compañía, a pesar de su avanzada edad (este murió a finales de 1971); el departamento de animación iniciaba una etapa que careció del éxito de los filmes precedentes; y poco a poco parecía que el objetivo de los estudios era concentrarse más en los parques de atracciones y la televisión que en el cine, que hasta entonces había sido la base sobre la que el resto de negocios se sustentaban.
Ante tal desafío, Smith entró al edificio de Burbank donde Walt Disney tenía su oficina, echó una mirada a sus libros, documentos, correspondencia y fotografías y durante los siguientes 40 años, día a día y sin descanso, lo catalogó todo, dando origen a los Archivos Walt Disney que hoy, repartidos en distintos edificios y almacenes de la compañía, acumulan decenas de miles de materiales.
El pasado 25 de junio, en Burbank, el principal dirigente de la hoy omnipresente empresa, Bob Iger, rindió un sentido homenaje a Smith, que el próximo octubre cumplirá 70 años y que esa misma semana celebrará su 40 aniversario como director de los archivos.

Su 40 y último aniversario, porque el afable veterano de los estudios anunció también su jubilación.
Un recorrido por los Archivos Walt Disney dejan clara la importancia histórica de la compañía: desde los dibujos que dieron pie a sus clásicos, como Snow White and the Seven Dwarfs, Pinocchio, Cinderella y Sleeping Beauty, hasta vestuario de algunos de sus filmes más recordados, como Mary Poppins, pasando por correspondencia personal de Disney (entre él y, por ejemplo, C.S. Lewis, autor de la serie The Chronicles of Narnia, o el primer ministro británico Winston Churchill); y terminando con una selección de juguetes y muñecos desde los años 20, cuando el merchandising de películas aún era un incipiente negocio.
Dave Smith, quien es también autor de la enciclopedia Disney A to Z, recordó vía telefónica que la idea de crear los Archivos Walt Disney “fue una combinación de intereses entre la familia y la compañía”.
“La compañía empezó a pensar que se debería hacer algo para preservar la historia de Walt Disney. Pero luego se dieron cuenta que había que preservar también la historia de toda la empresa. Porque sí, Walt Disney había muerto, pero aún había muchos de sus colaboradores que seguían viviendo y que no estarían con nosotros para siempre, por lo que aún existía la posibilidad de acceder a su información”.
“Porque Disney es una compañía que se construye en el pasado para sus nuevos proyectos”, prosigue Smith. “Snow White se estrenó en 1937, pero aún es importante para el estudio, a través de libros, programas informáticos y educativos, shows en Disneyland… La gente que hizo Snow White, en 1970, aún estaba aquí. Y es entonces que se dieron cuenta que había que hacer algo para preservar la historia de la empresa”.
Cuando Smith fue contratado por el estudio —seis meses después de que él ofreciera sus servicios—, la empresa ya llevaba más de cuatro décadas en activo, años perdidos a la hora de catalogar su material histórico. “Es cierto”, reconoce su veterano empleado. “Y sucede en la mayoría de compañías: no se dan cuenta de su historia, y de que ésta ha tenido lugar. Y a veces pasan 50 años así”.
Smith aún recuerda con risa el 22 de junio de 1970. “Me dieron una oficina vacía”, explica. “Decidí que lo primero era localizar el material más viejo, que estaba en peligro de perderse para siempre. Pero al mismo tiempo tuve que hacerme del listado de distribución de la época para conservar el material reciente y novedoso, de forma que también pudiéramos contar qué estaba pasando en la compañía en ese presente. Fue una labor inmensa”.
“La mayoría de piezas de los primeros años de la compañía estaban diseminadas entre los diversos departamentos del estudio. Convencer a cada uno de ellos que era mejor tenerlo todo en un mismo lugar no fue fácil. Pero tan pronto se dieron cuenta de que los archivos iban a ser un elemento valioso en la empresa, empezaron a cedernos los materiales”.
Algo a lo que Smith y su equipo de una docena de colaboradores han prestado mucha atención durante los años es el merchandising, es decir, los productos creados para vender las películas y los personajes de su catálogo.
“Hay muchos elementos de la historia de Walt Disney que la gente desconoce. Y uno de ellos es el merchandising”, reconoce. “No fuimos la primera compañía en crear merchandising de un personaje, pero sí fuimos la más conocida por ello”.
“Por ejemplo, cuando Snow White and the Seven Dwarfs se estrenó, fue la primera vez que se creó un catálogo de productos inspirados en el filme. Al acabar de verlo, el espectador podía ir a la tienda a comprarlos. Eso fue una novedad. Hoy se habla de Harry Potter y Star Wars, y todas esas películas cuentan con esas campañas de merchandising. Pero en 1937…”.
De ahí que, en sus palabras, “Walt Disney fue un visionario, un innovador. Siempre dispuesto a probar algo que nadie había intentado con anterioridad. También siempre estuvo dispuesto a gastarse el dinero para llevar a cabo sus ideas. Otra gente se hubiera mostrado temerosa de gastárselo en ideas que nunca habían sido probadas con anterioridad. Él no”.
Entre el material que más satisface a Smith y que forma parte de los archivos, destaca “la correspondencia de Walt Disney desde el principio del estudio”, detalla.
“Una de las colecciones de cartas más completas nos fue entregada por su viuda, Lilian Disney. Son cartas que él le escribió en 1928 cuando estaba en Nueva York, grabando el sonido de Steamboat Willie, el primer cortometraje [animado] con Mickey Mouse. Cada día, durante esa etapa, Walt regresaba a su hotel y le escribía a su esposa cuatro o cinco páginas contándole todo lo que le estaba pasando, problemas y éxitos. Es fascinante leer estas cartas”.
Algo que después de 40 años aún no ha podido localizar es “un listado de los artistas que pintaron los fondos en nuestros cortos animados”, se queja. “Tenemos listados de los directores, animadores, de los actores… pero no de los que pintaron los fondos. Sería maravilloso un día abrir una caja en el estudio y descubrir que esa lista existe. Eso es algo posible. Tenemos mucho material en el archivo que aún no hemos tenido tiempo de leer”.
Smith se deshace en elogios para el creador de los estudios, que nunca tuvo oportunidad de conocer (sí mantuvo una estrecha relación con su hermano Roy, quien murió un año y medio después de la creación de los archivos).
“Mucha gente no sabe que [Walt], a lo largo de su vida, fue un auténtico genio en todo lo que hizo con el estudio. Sabía a la perfección lo que el público quería. Esa fue su cualidad más importante. Y nunca prestó atención a aquellos que le criticaron sus ideas”.
Los estudios Disney de hoy son muy distintos a los que Smith vio durante sus primeros años en la entidad. “Todas las compañías crecen. Y eso es más que cierto con la nuestra”, comenta.
“Cuando empecé éramos 10,000 empleados; ahora tenemos 140,000. Los nuevos negocios en los que estamos implicados han hecho del estudio una compañía mucho más estable, porque no dependes sólo de un negocio”.
Como cierre de una etapa histórica en los estudios y en su vida, Smith termina asegurando que “nunca pensé que iba a estar en la compañía durante 40 años. He durado mucho más de lo previsto. Pero he disfrutado de cada minuto que he estado aquí”.

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Biografía de Walt Disney 4: La Serie de Alice

Virginia Davis
Cuando Walt llegó a Hollywood, encontró un trabajo como extra en un western, pero llovió el día que su escena iba a ser filmada y el estudio lo sustituyó por otro actor. “Ese fue el final de mi carrera como actor,” Dijo Walt, así que volvió a su verdadera vocación: la animación. Se instaló en un pequeño estudio en el garaje de su tío Robert. Escribió a M.J. Winkler, un distribuidor, para comunicarle que estaba montando un estudio en Los Angeles con el propósito de producir una nueva serie de animación. El estudio, por supuesto, era el garaje. Y la nueva serie de animación era su medio acabada Alice’s Wonderland que había empezado en Kansas City, una combinación de una niña real con un montón de personajes animados. Winkler compró media docena de esos cortos por la cantidad de 1,500 dólares y Walt se puso a trabajar.
Virginia Davis
Walt sabía que no tenía ni idea de como dirigir la parte financiera de sus esfuerzos, así que convenció a su hermano Roy para que se uniese a él en California como socio de su nuevo negocio. Esa fue probablemente la mejor de todas las decisiones que tomó en su carrera. Walt era ahora libre de dejar volar su imaginación, mientras Roy se aseguraba de que les quedaba algún dinero para comer. En 1923 crearon Disney Brothers Studio, con un capital de 200$ que Roy había ahorrado, 500$ que les prestó su tío y 2.500$ que sus padres, Flora y Elías, les dieron, para lo cual tuvieron que hipotecar su casa de Portland. Compraron una cámara usada, alquilaron un pequeño estudio en la parte trasera de una oficina inmobiliaria, se mudaron juntos a un apartamento de un dormitorio, contrataron un par de asistentes y, según dijo el propio Walt, “comenzó el proceso de hacer famoso el nombre de Disney en todo el mundo.”
Lillian Bounds, Walt Disney, Ruth Disney, Roy Disney y Edna frente su primer estudio
En el camino hacia la fama internacional, Walt se enamoró. Había contratado a una dulce y gentil muchacha llamada Lillian Bounds. Por las noches llevaba a sus dos empleadas a casa en el coche que él y Roy habían comprado. Siempre llevaba primero a la otra chica a pesar de que Lillian vivía más cerca del estudio. A Walt le encantaba escuchar las historias de esa interesante chiquilla, la pequeña de 10 hermanos hijos de un herrero. Pasado un tiempo, empezaron a dar largos paseos, hablando todo el tiempo, pero Walt no aceptaba nunca las invitaciones de Lillian para conocer a sus padres. No hasta que hubiera ahorrado lo suficiente como para comprarse un traje para el acontecimiento. Cuando por fin llegó el momento, Walt encajó muy bien en la familia. Mientras tanto, su vida con Roy se deterioraba, no se soportaban como compañeros de piso, así que a principios de 1925, Roy se casó con su novia Edna y, poco después, el 13 de Junio de 1925, se casaron Walt y Lilly.
Lilly, como Walt la llamaba, enseguida entendió que no era el único amor de la vida de Walt, pues él también amaba con locura su trabajo. A veces estaban pasando una tarde tranquila con la familia y, de repente, Walt anunciaba “Tengo que irme a hacer una cosa en el estudio.” Lo siguiente que Lilly recordaba era despertarse en el sofá del estudio a media noche para, por fin, irse a casa.
La serie de Alice tuvo éxito, pero M.J. Winkler traspasó la empresa a su marido, Charlie Mitz, y este era un cliente difícil y solía discutir con Walt. Cuando la serie de Alice dejó de tener tanta demanda, Walt creó un nuevo personaje, Oswald el Conejo Afortunado. Pero este conejito no le daría tanta fortuna a Walt.
Fuente: Walt Disney Family Museum